Gamos en celo

IMG_9993-200 Al caer la tarde, los gamos que viven en la reserva natural del Monte del Pardo cambian de lugar y se aproximan hacia otras zonas donde alimentarse. Desde uno de los caminos que hay pegado a la valla metálica que limita la reserva, pude observarlos a una distancia relativamente cerca.
Primero aparecieron las hembras en pequeños grupos y dispuestas a comer con esa tranquilidad que les daba el saber que no había ningún macho en celo que las importunara.
Pasado un tiempo se acercaron ellos, avisando desde muy lejos con sus ronquidos broncos (berrea) que se fueran preparando para el cortejo. Y cuando llegaron, se hicieron primero los despistados, tantearon el ambiente y después escogieron a un grupo de hembras.                                                                                                                                               Cuando de entre ellas deciden elegir a una, les roncan, la olisquean, mueven sus cabezas para exhibir sus cornamentas, e intentan ganársela por las buenas. Si no lo consiguen con una, lo intenta con otra. No les es fácil, pues ellas suelen salir esquivarlos o salir corriendo, y ellos detrás, desesperados. Y si encima aparecen otros machos en su grupo de hembras se las tienen que ver con ellos, así que se desafían y pelean hasta quedarse solos con su grupo de hembras.
Estos machos en celo sufren ciertas transformaciones, entre ellas, el de su pelaje, haciéndose más claro el de los costados y más oscuro el del cuello y el de la cabeza

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Nombre científico: Dama dama. Familia Cérvidos. Orden: Artiodáctilos

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4 pensamientos en “Gamos en celo

  1. Dama dama, de fina estampa, la de estos cérvidos. Su prestancia impresiona.
    El mérito de las fotos aumenta por la dificultad de captarles, sobre todo en campo abierto.
    Anteayer sorprendí a un ciervo entre el arbolado, pero arrancó a toda velocidad en descenso, me pasó a unos 10 metros y no paraba mientes en ramas y brezos, arrasó lo que se oponía a su paso. Un espectáculo sin igual. Absorto, ni pensé en alcanzar la máquina de fotos, la fugacidad del momento, también lo impedía.
    Son estampas preciosas.
    Eso de quedarse solos con su grupo de hembras, también tiene lo suyo. ¿O no?
    Saludos

  2. O sí. Me refiero a quedarse los machos con un grupo de hembras…¡qué peligro! No sabes como les ningunean.
    Es curioso las estrategias que, en general, tienen que desarrollar los machos en el mundo animal para conseguir aparearse. O es que ellos son muy pesados o es que a ellas les entusiasman los cortejos. O las dos cosas. O ninguna. (Je, je…).
    Rafael, en el campo bien sabes que conseguir fotos de cuanto se mueve es muy difícil. Incluso de las plantas, que parece que siempre las acompaña el viento. Pero son nuestras retinas las que tienen que degustar el placer de contemplarlo y nuestra mente el recordarlo después.
    Gracias.
    Un saludo.

  3. Los sonidos guturales de los ciervos, gamos y corzos son diferentes, aunque los que realmente berrean, con unos graznidos espeluznantes cuando se les oye por la noche, son los ciervos. Los gamos roncan,como tu bien dices, y los los corzos parece que ladran. No obstante cuando hablamos de “la berrea” nos referimos a los sonidos producidos por estos cérvidos en época de celo.
    Me han gustado las fotos y el sencillo reportaje.

  4. Y les llegó el otoño, “la seronda” con el celo y el deber de cumplir con la biología, la reproducción: lucha, rituales, reglas, cortejos.. Uff, tremendo, tremendamente apasionado y fuerte tener que romperse los cuernos de esta manera. Los humanos tenemos nuestros ciclos, nuestros celos, nuestros rituales y fantasias, más o menos como ellos, pero con mas cuento, ¿verdad?
    Es duro vivir.
    La fotos son estupendas. Sólo con verlas una se puede hacer la idea de lo que pueden llegar a montar estas damas, damas, venados y demás cérvidos.
    Cuando era pequeña, mi abuelo Ramón nos acercó una vez a otra prima y a mí a una braña para que viéramos y sintiéramos la berrea de los venaos. A mi me asustaron un poco, la vedad y le dije a mi abuelo y mi prima que si para quedar preñada tenía que pasar por tanto berrido y espanto, nunca tendría hijos. Mi abuelo, se sonrió y me contestó que lo nuestro no era tan llamativo, pero que casi era peor, pero a mi prima que era más valiente que yo, no le pareció mal. En fin, vida es así.
    Está muy bien lo que cuentan ustedes sobre estos animalitos.

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