El gato

Él estaba allí como si fuera un peluche de nieve durmiente. Sentado sobre una de las sillas de la terraza solitaria de una cafetería porque el frío reinante ahuyentaba a las gentes. En un área de descanso de una autovía.
Su cara me enamoró. Me fui al coche a por la cámara de fotos pensando ya a quién iba a dedicar las imágenes que iba a sacar: a nuestra amiga Chari, de “Belleza de Corazón”.

Duermo a la vez que sueño

Duermo a la vez que sueño

El gato dormía plácidamente pero en un estado de alerta. Cada vez que escuchaba el sonido de un camión que entraba a repostar a la gasolinera, abría tímidamente los ojos, giraba la cabeza, los volvía a cerrar…, pero sólo los abrió totalmente cuando le hablé. Y me miró fijamente, con sus ojos aguamarina de una belleza impactante.

Escucho el sonido de un motor.

Escucho el sonido de un motor.

¿Quién me habla?

¿Quién me habla?

Lo mejor para un buen despertar es un buen bostezo.

Lo mejor para un buen despertar es un buen bostezo.

Decidió despertarse definitivamente con un gran bostezo. Después se tiró de la silla, se me acercó, le volví a hablar y me despedí de él. Entré en la cafetería, me esperaba un café calentito. Él, desde el exterior de la puerta acristalada, me seguía con la mirada.