Castañas

Las castañas son uno de los frutos protagonistas del otoño. Hoy, las traigo hasta aquí, acompañadas por los sentires de toda una vida desarrollada bajo la sombra de los castaños, de los caminos tapizados por sus hojas, del crujido de sus “oricios”, y como no, de sus aromas y sabores.
Elemento nutritivo indispensable en muchos hogares de mi Asturias natal, especialmente cuando aún las cocina eran de carbón. “Castañes” asadas, pilongas, o las cocidas, que sumergidas en un tazón con leche con una buena dosis de azúcar, era un estupendo postre y golosina.
Añoranzas. En un día muy especial.

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Las flores femeninas del castaño nacen de pequeños amentos situados en la base de los masculinos, de mayor tamaño. Tras su fecundación, y llegado el otoño, nos ofrecen sus frutos, conocidos como erizos. En la imagen se pueden ver, junto a estos, algunos amentos masculinos secos.

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Imagen cedida por Blanca Ordiz

Imagen cedida por Blanca Ordiz

Castaño, nombre científico: Castanea sativa. Familia: Fagáceas

Del fondo del mar a la orilla

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A veces, muy pocas veces, ocurre algún “milagro” en este Mare Nostrum de costas urbanizadas casi hasta pie de playa, como que en pleno mes de agosto uno pueda llegar a ver algo interesante de lo que la mar guarda en sus entrañas y, sobre todo, que perdure el tiempo suficiente para constatarlo y que no sea literalmente arrasado por paseantes, mascotas y máquinas limpiadoras.

Para que tenga lugar todo ello deben confluir varios factores: 1. Una fuerte bajada de la presión atmosférica para que el mar avance. 2. La colaboración del viento de levante para que forme olas más numerosas y de mayor tamaño y así llegue el mar a apoderarse literalmente de la playa; 3. La existencia de corrientes que muevan el fondo marino, lo revuelvan y sean después las olas, cuando la mar se retira, las que se encargan de depositar en la orilla algunos restos de los seres que habitan en sus fondos. 4. Bandera roja.

Y madrugar. Y llevar los ojos de mirar, ver y analizar. Y en la mochila, la cámara fotográfica y la paciencia. Paciencia para cuando empiezan a aparecer los merodeadores de intereses ajenos, que se paran y preguntan cosas como esta: ¿y eso se puede comer?, –aunque se trate de una pequeña medusa, de un alga o de un gusano-, y por si acaso, con ese afán suyo de arrebatar lo que no tenían pensado coger, se llevan muestras de lo que uno estaba fotografiando.

Paciencia también con los que pasean a esas horas, solos o con sus perros, que no hacen nada por desviar ni un ápice su ruta y utilizan de alfombra crepitante lo que hasta entonces era para mí un tesoro de vida. Y en pocas horas, cuando la marea humana del mediodía haya conquistado la orilla, quedará todo convertido en un amasijo de trozos de finas porcelanas por mil veces pisadas.

En el paseo de esta mañana pude comprobar que no quedaba ni rastro de los restos dejados por la mar ayer. Las máquinas limpiadoras, cumpliendo con su misión, llegaron hasta la misma orilla  del mar.

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En esta imagen se pueden apreciar algunos moluscos bivalvos, dos erizos irregulares y restos de la fanerógama marina Posidonia oceánica.

Fotografias obtenidas en el día de ayer en la playa de l’Aigua Morta (Oliva)