Thomisus onustus

1 P1140147-RR-2000-MM

Los rayos del sol incidían con toda su intensidad agosteña sobre la flor blanco-rosado  de esta sencilla correhuela (Convolvulus arvensis), y era tal su luz reflejada, que hacía difícil distinguir que en un borde de su corola esperaba paciente a sus presas una araña (hembra) perfectamente mimetizada con los colores de la flor. ¡Qué delicada belleza la de su armonía y qué suerte ser testigo de ello!

Las arañas de Thomisus  onustus  son de pequeño tamaño -el cuerpo de las hembras es de unos 8 – 10 mm de longitud y el de los macho entre 2 y 4- y tienen una especial  capacidad para adoptar los colores de las flores en las que residen, hecho que está relacionado con sus estrategias de caza. No hacen telas de araña, así que esperan al acecho a sus presas o deambulan con sigilo hasta encontrarse de cara ellas, sin importar que puedan ser mucho más grande que ellas.

Tienen tres pares de patas dirigidas hacia delante y el par más posterior, hacia atrás. El que los dos primeros pares de patas sean muy largas y fuertes condicionan que estas arañas se muevan lateralmente, lo que ha llevado a los miembros de la familia a la que pertenecen (Tomísidos) a ser conocidas como “arañas cangrejo”. Su abdomen u opistosoma también contribuye a que recuerden a un minúsculo cangrejo, ya que es corto y con dos protuberancias dorsales.

Su visión  está condicionada por sus 8 ojos distribuidos en dos filas curvadas y que les permiten ver lo que se encuentra a una distancia de hasta 20 cm. Pero por muy largas que sean sus patas más anteriores -de 0.5-1cm-, cuando las arañas cazan al acecho, tienen que esperar quietecitas a que su potencial presa se encuentre a esa distancia para poder así atenazarlas y acercarlas a sus quelíceros que son los que le inyectan el veneno para matarlas.

Cuando se sienten que pueden ser ellas las víctimas de un posible depredador, las muy cucas se tiran al suelo y se hacen las muertas.

2 P1140308-M

Con la misma paciencia que demostraba la araña, reté durante un tiempo al implacable sol de la mañana y me quedé un rato para observarla. Afortunadamente para mí, la araña  abandonó su estado de quietud  antes de que el sol me achicharrara, pues  se le antojó cambiarse a una ramita cercana. Pude con ello comprobar que sus movimientos son lentos y que para acercarse a su objetivo, observa y tantea primero la distancia a la que se encuentra adoptando una posición que recuerda a la de un cangrejo expectante, y que después levanta y estira sus patas delanteras varias veces hasta que encuentra un punto de anclaje.  Y si no lo consigue, como sucedió en este caso, decide caminar sobre seguro y regresar de nuevo a la flor de origen.

3 P1140317-R-M